7/28/2013

8º Capítulo, fanfic Mr. Destiny



Otra vez me he tardado siglos, pero le voy a echar la culpa a unnie Rach por no pasarme las fotos para el fanfic TT, no que es broma, de ahora subiré los días incluso sin las fotos que hacía (como este capítulo xD) Y para compensar subiré dos capítulos hoy y el Martes otro que estoy atrasada. En este cap nos meteremos en la cabeza del malhumorado Lee Min Ho que no puede más con la infantil Shin Hye. Estoy emocionadísima con la idea del drama The Heirss que quiero que salga de una vez >.< al menos un tráiler o lo que sea. En fin, aquí lo dejo:







Menos mal que no me sigue hasta casa. Es bueno que ella esté encerrada en ese campus… pero me pregunto ¿por qué demonios soy yo el único que la ve? A veces la observaba caminar por los pasillos, distraída, contenta, como si de verdad estuviese viva y estudiase allí. Un fantasma era lo último que podía pasarme. ¿Cómo es que vino esa mujer… esa alma en pena hasta mí? Maldita mi suerte… ahora la veía en todas partes, ¡me atormentaba!  Al parecer estudiaba lo mismo que yo, musicología. Yo no quería ser ningún músico, aunque podía presumir de tocar muy bien el piano, el violín, la flauta, la viola, el acordeón, la guitarra e incluso de cantar bien, pero mi sueño es ser un crítico musical. Me encanta la idea de oír composiciones y juzgarlas por mí mismo. Decidir si alguien es bueno o malo, si una canción es o no mala. Me encanta ese trabajo, yo sería muy buen crítico. Tengo un perfecto oído musical… Tal vez ese fantasma sí habría querido ser un músico. Algo que me llamaba la atención de ella, por cierto, era su ropa. No era nada a la moda ni mucho menos, pero tampoco parecía tan antigua. Cambiaba de ropa y de peinado al día. ¿De verdad los fantasmas pueden hacer eso? Qué impresionante…
-          ¿Entonces voy esta tarde a tu casa? – decía Hyun Joong por teléfono.
-          Como quieras, pero ¿no tenías un trabajo que hacer? ¿algo de un anuncio?
-          Da igual, mi hermana dijo que se encargaría de todo.
-          Tienes una cara…
-          A ellas no les importará. – dijo, probablemente se haya encogido de hombros.
-          Entonces haz lo que quieras. – colgué. Seguro que venía hoy, no podía decirle que no. Mi madre adoraba a mi amigo ya que era la mejor amiga de la madre de Hyun Joong también, desde la universidad.
-          ¿Quién era? – preguntó mamá entrando a mi habitación con una maravillosa sonrisa.
-          Hyun Joong. – respondí de mala gana.
-          Lo sabía – dijo chillando alegre. – voy a cocinar algo buenísimo.
-          Haz lo que quieras. – dije. Salió de mi habitación y me dejó solo.
Salí y me fui a mi estudio de música. Sí, mi propio estudio. Aquel estudio y mi habitación estaban estrictamente prohibidos para cualquier persona que no sea yo. Me senté frente a mi piano y comencé a tocar una canción de Bach. Me estaba relajando cuando de repente unos cascos que colgaban se cayeron al suelo. Paré de tocar inmediatamente y me tensé, últimamente esas cosas me asustaban más de lo normal, la culpa de todo la tenía aquella chica ¡que no paraba de atormentarme! Me toqué la frente, de repente ya tenía dolor de cabeza otra vez. Bajé esperando tomar un vaso de agua y vi a Kim Hyun Joong en la puerta que abrió el ama de llaves. Mi madre corrió de inmediato a saludarle y este le dio un beso en la mejilla sonriendo, era como su madre también.
-          Oh, ya estás aquí. – dije pasando a la cocina a coger el vaso de agua.
-          Hyung– dijo desde la sala.
Pasamos al comedor después a comer lo que mi madre nos hizo. Al parecer Hyun Joong se vino de casa para no soportar los gritos de noona, su hermana mayor acababa de llegar y al saber que había estado usando su lamborghini  enfureció.
-          Entonces me escapé. – decía mientras bebíamos algo jugando al billar en mi sala de estar – pero me da igual, papá vendrá pronto y le rogaré para recuperar mis tarjetas de crédito y para que me compre la moto de mis sueños. – sonrió.
-          Pues sigue soñando – dije mientras bebía de una copa.
-          Estoy seguro de que esta vez lo hará – dijo pensativo. – ya le dije a noona que me ayudara con el trabajo que nos dejaron en comunicación audiovisual.
-          Vaya.
-          Me ayudará con ello y seguramente ganaremos.
-          Eso ¿no es trampa?
-          Lo es, pero no tenemos nada. Además odio que Mi Ho y Eun Chan griten como histéricas a mi alrededor.
-          Eso es normal. Eres un vago. – dije encogiéndome de hombros.
-          Tss – le había ganado al billar – da igual. Ganaremos. – sonrió.
-          ¿Desde cuándo son tus amigas? No recuerdo de alguna chica que te soporte más de un minuto… - dije burlándome.
-          Mira quién habla… - dijo enarcando una ceja. Le miré enfadado.  – bueno, me soportan porque tienen un trabajo conmigo. Ellas no lo eligieron. Además, quien no se enamoraría de mí. – Hyun Joong tenía serios problemas con su narcisismo.
-          Sigues enamorado de ti mismo. – dije poniendo las bolas de colores y de rayas en un triángulo en la mesa de billar para jugar por segunda vez.
-          Siempre. – dijo con una sonrisa.
-          Pero… - dije pensativo – tengo curiosidad: ya van casi dos meses desde que comenzó la uni y tú no haces más que estar alrededor de esas dos. ¿Qué pasará cuando entregues el trabajo? Seguirás con ellas ¿Verdad?
-          Sí. Me divierto demasiado – rió. – Además que son muy extrañas, todos en realidad. Nunca he estado en un círculo de amigos tan interesante.
-          ¿Solo eso? – intuía que había algo más, mi mejor amigo había cambiado algo ¿qué? Oh, ya no se alababa tanto delante de mío.
-          No. – dijo negando con la cabeza. – Una de ellas me gusta. – escupí lo que bebía. ¿En serio? ¿Gustarle una chica al Narciso de Hyun Joong? Me reí incansablemente. - ¿De qué te ríes? – preguntó.
-          ¿De verdad te gusta una chica?
-          Si – dijo como haciendo un puchero - ¿adivinas quién es?
-          Mi Ho. – dije de inmediato. Me miró sorprendido. - ¿Qué? Hacen buena pareja – me burlé. – Pero… ¿sólo jugarás con ella? Es decir… no irás en serio ¿verdad? No es tu estilo…
-          Un hombre es un hombre. Si te gusta alguien has de ir a por ella. – dijo encogiéndose de hombros. – si te gusta y no haces nada es como si no te gustase.
-          Vaya… - dije sorprendido. Hyun Joong estaba madurando poco a poco.
-          Por lo que tomaré toda responsabilidad.
-          Entonces ¿te declararás? – dije enarcando una ceja.
-          Claro. Lo único que has de hacer es tomarla, besarle y decirle: me gustas. Ya está – se encogió de hombros. Yo me burlé.
-          No es tan fácil Hyun Joong.
-          Para mí sí lo es. – volví a reír.
Nos quedamos un rato más hasta que se cansó de jugar en mi último modelo de Play Station con un volante de coche. Hizo algunos récords y logré que se fuera antes de las 10 de la noche. Mamá había querido que se quedase a dormir. Cené y me fui a dormir temprano, al día siguiente tenía clases por la mañana.
Una vez en la uni me preparé mentalmente para ver a ese fantasma que, desde que me rogó ayudarle, no para de aparecer a cada momento. Me senté detrás, como siempre.
-          Llegas un poquito tarde – sonrió la niña. Últimamente se sentaba a mi lado y me hablaba como si nada.
-          No es tu problema – dije aburrido. La ignoré.
-          Aun no lo has encontrado – dijo triste, supuse que hablaba de su colgante.
-          No, no tengo ni la más remota idea de en donde puede estar tu colgante. – dije en voz baja – no tengo como buscarlo, ni si quiera sé hasta ahora tu nombre.
-          Park Shin Hye – sonrió. - ¿Tú?
-          Lee Min Ho. – dije sin muchas ganas.
-          Min Ho, se parece a Mi Ho – dijo riendo la chica – una chica que conozco.
-          ¿Es que acaso la molestas a ella también? – dije recordando que había estado muchas veces revoloteando alrededor de ese grupo.
-          No molestando – dijo haciendo un puchero.
-          Y ella… ¿puede verte como yo? – Shin Hye rió.
-          Eso no importa. Necesito recuperar mi collar. – dijo mirando mis ojos de cerca. – me ayudarás ¿Verdad? – suspiré.
-          Como quieras. – dije mirando al profesor. En un principio aquel fantasma me sorprendió, pero verla todos los días me exasperaba.
-          Perfecto, te enseñaré cual fue mi recorrido hasta aquí el día en que perdí el colgante.
-          ¿Cuánto tiempo puede tardar eso? – dije sopesando salir corriendo de allí.
-          No demasiado.
Dicho y hecho. Cuando acabaron las clases salí directamente del campus y fui por donde ella me guiaba.
-          Comenzaremos buscando por las afueras del campus. – sonrió. – Yo recuerdo haber venido por aquí, sí. Aquí me dejó el coche que me traía a la uni. – busqué con la mirada por el suelo el recorrido que según ella hacía desde el coche hasta la puerta del centro.
Después de ello hicimos en una hoja el itinerario que según ella realizó aquel día antes de asistir a clases. Aquello parecía más bien una guía turística.  
-          ¿Estás segura de que pasaste por todos estos lugares? – pregunté con una ceja enarcada. Ella pensó jugando con sus manos.
-          Sí. – respondió alegre después de unos momentos. - ¿Vamos o qué? – sus ojos brillaban. Yo suspiré.
Caminamos por la avenida hasta llegar a un centro comercial enorme, ella me conversaba y contaba todo lo que había hecho en aquel centro, yo apenas murmuraba una respuesta, no quería que me tomasen por un loco.
- Y entonces compré un hermoso vestido rosa hasta las rodillas, tenía botones y unos adorables flecos cerca de la cintura, el cuello era abierto pero sin escote. Después pasé por esta tienda – dijo señalándola – compré unos bonitos zapatos blancos a juego. – Blah, blah, blah – pensé que sería bueno por lo que me pasé por la tienda de gafas… - siguió parloteando sobre lo que hizo y yo simplemente miraba hacia el suelo, buscando el maldito colgante. Creí que no lo encontraría de ningún modo pero quería que aquella chica viese que yo buscaba… así tal vez me dejaría en paz. - ¿No dirás nada?
- Ehm… - murmuraba – vaya.
- ¿Vaya? – puso una cara triste - ¿Es imposible encontrar mi collar verdad?
- No lo sé – dije en voz baja – pero lo estoy intentando. – miré a los lados asegurándome de que no me viesen hablar solo.
- No solo vine al centro comercial – dijo esperanzada – fui a un restaurante. ¿Qué tal si vamos a comer algo? Tengo hambre…
- ¿Tienes hambre? – Pregunté incrédulo - ¿Desde cuándo comen los fantasmas?
- Desde siempre – me sacó la lengua y sonriente corrió hacia un restaurante cerca de allí. Suspiré y no me quedó más que seguirle.
- ¿Qué querrán? – dijo una chica con una libretita blanca en cuanto entramos Shin Hye y yo . ¿Querramos? - ¿perdón? – le dije a la chica.
- Sí. ¿Qué quiere? – dijo. Oh. “Quiere”. Pensé que había visto a mi acompañante. Ordené dos platos de pasta, uno para mí y otro… Shin Hye dijo que podía comer. En fin. Será interesante ver que coma un fantasma.
- Está muy bueno. Como la última vez. – dijo.
- ¿Has muerto recientemente verdad? – dije yo. – El centro y este restaurante no son muy antiguos.
- Claro – murmuró. – ya acabé. – sonrió.
- Vaya. Me pregunto a dónde irá toda la materia que acabas de consumir.
- Por allí – se encogió de hombros – no lo sé.
- Bueno – dije curioso – sería interesante si ahora quisieras ir al servicio.
- Cierto – dijo sonrojada. – Pues ahora vamos al cine.
- ¿Al cine? – Dije incrédulo – ¿en serio fuiste a un cine antes de ir a la universidad?
- Sí, sí – dijo sin hacerme demasiado caso y comenzó a saltar hacia las taquillas.
- ¿Pero qué? – dije exaltado. ¿Esta chica pensaba entrar al cine? No me di cuenta de mi volumen de voz. Cogí el teléfono y simulé estar hablando con alguien más. - ¿Estás loca? ¿Pretendes entrar allí? – ahora podía usar el tono que quisiera.
- Desde luego – dijo – compra dos entradas. – me sonrió y me señaló con la cabeza la taquilla para comprar entradas. Bufé. Esta chica iba a matarme. Compré dos entradas. El recibidor de estas no se extrañó de que le diera dos, bueno, pensó que no importa con tal que pague.  Entramos a ver una película de comedia.
Nos sentamos en la primera fila, Shin Hye no paraba de sonreír y aplaudir con las manos como una niña pequeña… bueno, supongo que después de tanto tiempo le ilusionaba ir al cine. Tenía una risa dulce, inocente, algo escandalosa. Suerte que los demás no podían oírle. De repente sonó un teléfono móvil cerca pero delante estaba casi vacío. Dejó de sonar aquella melodía y yo miré a Shin Hye curioso. Ella estaba nerviosa. Ignoré este hecho, era imposible que ella llevase encima un teléfono móvil.
Salimos del cine y ella se veía de muy buen humor. Saltaba feliz y tarareaba una canción. Yo quería irme ya, hoy había pensado en componer algo, tendría de tiempo  toda la tarde y noche ya que no habría nadie en casa. Mamá se había ido por dos noches a un spa con la madre de Hyun Joong.
-          Ahora vamos a un parque de por aquí – dijo sonriente.
-          ¿Un parque? – dije cansado.
-          Sí, está cerca, tranquilo.
-          No, ni hablar – dije malhumorado - ¿En serio no ves que ya es bastante difícil encontrar tu colgante? En un parque será imposible… - Shin Hye hizo un puchero a punto de llorar. Suspiré – está bien, vamos. – Ella sonrió de repente, tomó mi mano y me jaló hasta un parque.
-          Ya verás lo genial que es. Precioso – dijo emocionada.
-          Puedes tocarme – dije sorprendido – que impresionante, es como tocar a alguien… de verdad. – dije sintiendo su mano cálida sobre la mía. Normalmente sería fría ¿no?
-          Supongo – dijo – vamos.
Llegamos a un parque enorme, lleno de columpios, bancos, fuentes y árboles. Ella se puso a jugar con el agua de una fuente, luego corría por el borde de un muro haciendo equilibrio. Me jaló y obligó ir a unos columpios cerca de allí. Se lo estaba pasando en grande. 

-          Me alegra de te diviertas – dije con cara de pocos amigos.
-          Sí – dijo feliz, ignorando mi gesto.
Se levantó y fue corriendo hasta unos rosales. Mientras jugaba yo estaba sentado en un banco y la miraba divertido. ¿De verdad está muerta? Si no hubiese pasado el incidente en el baño de chicas y no encajase a la perfección la situación con la historia de miedo que circulaba por el campus juraría que ella está viva. Parecía llena de vida y que disfrutaba de todo a su alrededor, una persona muerta puede hacer eso? Tal vez esté pensando mucho en las cosas, pero es que esto es de locos. Tal vez estaba confiando demasiado en ella ¿de verdad creería que era un fantasma? Yo mismo vi como lloraba pidiendo ayuda así que debería creerlo ¿no? Además ella me lo afirmó varias veces. Suspiré, sí, esto es u na locura. Miré a mi lado en el banco y había una caja de plata. Miré alrededor por si era de alguien pero no había absolutamente nadie y creo que el cofre antes no había estado allí... Ya que Shin Hye jugaba decidí abrirla por curiosidad, habían en su interior muchas galletitas de la fortuna, aquellas que llevan tiras de papel dentro para jugar. Decidí ignorar la caja y la dejé en su sitio. Miré a Shin Hye seguir jugando pero sentí una presencia a mi costado derecho ¿qué demonios era? El cofre estaba esta vez más cerca de mí, casi pegada a mis piernas. Debe ser mi imaginación, sin embargo esta vez me dio mucha curiosidad probar una galleta de aquellas ¿por qué? sin embargo abrí una me la comí y leí el papelito: "¿Qué soledad es más solitaria que la desconfianza?" ¿Acaso me decía que no debía desconfiar? Ignoré de nuevo el papelito cuando vi a Shin Hye cortar una rosa blanca de los rosales en los que jugaba y venir corriendo hacia mí.
-          Mira – sus ojos resplandecían. - ¿no es hermosa?
-          Lo es – dije bufando – pero se morirá ahora que la has cortado. – puso una cara triste.
-          Pues… pues… la pondré en agua. – dijo con un puchero.
-          Se pudrirá. – dije sin interés.
-          Pues… la sembraré
-          No crecerá, morirá – me encogí de hombros.
-          Pues… la pegaré a su tallo de nuevo – dijo arrugando el entrecejo. La miré.
-          ¿Eres tonta?
-          Déjame en paz – dijo y fue hasta el rosal y trató de enterrar la rosa de nuevo. Cerca de allí paseaba un perro. Era un chihuahua que en cuanto la vio comenzó a ladrar incansablemente. – Ah – gritó ella y vino corriendo hacia mí. Se puso detrás mío y chillaba – que se vaya, que se vaya, que se vaya.
-          Es sólo un chihuahua – dije con una ceja levantada.
-          Me quiere morder – gritó trepándose en mi encima.
-          No lo hará – dije, cogí al perro con las manos y lo alejé de ella. Le dejé en el suelo y se fue corriendo en otra dirección. – es curioso que un perro te vea.
-          Los animales pueden – dijo Shin Hye. – ¡Mira! – me señaló una feria cerca del parque. – Vamos. – volvió a arrastrarme hasta aquella enorme feria.
Había de todo: Juegos, comida, ropa, atracciones, etc. Shin Hye parecía estar en el paraíso, corría y jugaba con todo, sus ojos parecían diamantes, gritaba y me arrastraba de aquí para allá y yo trataba de comunicarme con ella mediante mi teléfono. Así nadie sospecharía. Pasamos cerca de un juego de tiro con escopeta de mentira. Si acertabas ganabas un peluche gigante. Shin Hye corrió de mi mano hasta allí y se tropezó contra alguien.
-          Disculpe – dijo el hombre y se fue. ¿La había visto acaso?
-          ¿Acaso te vio? – dije mirándola.
-          Se disculpó contigo – dijo ella sin mirarme. Me arrastró nuevamente hasta el juego.
Tuve que jugar y, como soy bueno disparando, gané. Me dieron el peluche gigante y, como sería extraño ver un peluche flotando por allí, llevé yo el premio entre los brazos. Sí, era vergonzoso. Los demás me miraban riendo por lo que quería irme de inmediato.
-          Vámonos ya – dije rojo de cólera.
-          No te enfades – dijo ella – ya nos vamos.
De repente sonaron truenos y comenzó a llover de forma escandalosa. Parecía que estábamos en una ducha. Así, nos mojamos por completo. Corrimos hasta una parada de autobús fuera del parque refugiándonos de la lluvia. Ella cogía su peluche y yo trataba de secarme el pelo. Sacudí mi cabello con enfado, la lluvia no podía ser más oportuna.
-          Pero si hace un momento había un sol radiante – dijo Shin Hye desilusionada.
-          Tienes que ir a casa. – dije yo. ¿Qué acababa de decir?
-          Está lejos de aquí.
-          No quise decir… - dije retractándome – quiero decir que ya he de irme yo a casa. Tú… no se ha donde has de ir.
-          Pues – dijo pensando – a… la universidad.
-          Oh, puedes… ¿desaparecer e irte? – pregunté.
-          Desde luego que no. – dijo – no soy un… no puedo.
-          Vaya, pensé que se podía – dije yo – estamos lejos de la universidad ¿qué haremos? Estás toda mojada por la lluvia. – ella en respuesta estornudó. – Salud – dije sin pensar - ¿Puedes enfermarte?
-          No lo sé – dijo ella sorbiendo – no quiero comprobarlo.
-          Hay bastantes cosas de ti que no sé, de las almas en realidad. Todo esto me sorprende… Bueno – dije resignado – mi casa está a la vuelta de la esquina. Vamos por un momento a que te… seques.
Corrimos bajo lluvia para llegar a casa. No había nadie por las calles así que ella llevaba su peluche. Una vez en casa, ya que no había nadie, puse la  calefacción para calentarnos y le di una toalla para que se secase.
-          Espérame aquí – dije – subiré a mi habitación a cambiarme. Fui hasta allí y tomé un baño. Después de una hora me puse un albornoz y sandalias y salí a mi habitación.
-          Así que este es tu cuarto. –dijo sentada en mi cama Shin Hye.
-          ¿Qué haces aquí? – dije rojo de rabia.
-          Has tardado demasiado – dijo con un puchero – así que decidí subir.
-          No puedes subir aquí – grité – está prohibido para cualquier persona entrar a mi habitación.
-          Yo no soy una persona ¿Recuerdas? – sonrió. Luego bajó su mirada de mi rostro hasta mi pecho que estaba al descubierto por el albornoz. Me sonrojé.
-          Fuera de aquí – la eché – voy a cambiarme.
Una vez listo bajé con ella hasta el salón y me quedé allí con ella. Tenía la ropa mojada así que le dije que me siguiera. Fui con ella hasta la habitación de invitados, había algo de ropa para ella. Pasamos por un pasillo y vi que se detuvo frente a una puerta entreabierta, era mi estudio. Sin previo aviso se coló y entró feliz.
-          Allí también está prohibido entrar – dije furioso.
-          Ya te he dicho que no soy una persona. A mí no me está prohibido.
-          Me corrijo: Queda totalmente prohibido para cualquier persona, animal, ente o alienígena extraterrestre entrar a mi habitación y estudio de música personal.
-          Vaya… tienes un violín – dijo casi chillando – y es precioso.
-          No lo toques, no lo toques – me apresuré a decir pero ella ya tenía el instrumento entre sus brazos.
Comenzó a sonar una agradable melodía. Era dulce pero triste, melancólica. Aún así me sorprendió que supiera tocar tan bien el violín, no había conocido a nadie que tocase mejor que yo cualquier instrumento. Iba a detenerla pero me dio curiosidad por ver como acababa la canción, tocaba limpia, precisa, perfecta. La melodía era adorable, de algún modo creí haberla escuchado en el pasado, me senté a oírla para ver si recordaba. Me relajé y cerré los ojos. De repente se me ocurrió que podía quedar muy bien si acompañaba con el piano así que me puse manos a la obra. Me senté y toqué. Ella paró un momento pero sorprendida y con una sonrisa reanudó su melodía. Una vez que acabó. Se sentó a mi lado en el banco del piano y me sonrió.
-          Esa canción la solía oír de pequeña ¿Qué tal?  
-          Bueno… - dije – es… realmente buena. – dije, si era un crítico debía ser sincero.
-          Vaya. – sonrió – me alegra oírlo.
-          ¿De quién?
-          La recuerdo junto a mi padre. – suspiró.
-          Y él ¿está muerto igual que tú?
-          Mmm – asintió – murió hace mucho y… ¡mi madre! – dijo como acordándose de algo – se enfadará – dijo en un susurro.
-          ¿Quién se enfadará?
-          Mi… nadie. Es tarde y debo irme.
-          Pues… adiós – dije encogiéndome de hombros. Afuera seguía lloviendo y estaba oscuro. Pero si era un fantasma dudo que alguien pudiese hacerle daño.
La acompañé hasta la puerta y me despedí de ella. Estaba algo preocupado porque era muy tarde y ella parecía tan pequeña y débil ¡Qué estupidez! No está viva, no debería preocuparme,  ella sabrá llegar sola a la uni y… hacer lo que hacen los fantasmas en… donde penan. Me encogí de hombros y subí a dormir.
Cuando fui a la mañana siguiente ella me esperaba con una sonrisa en la puerta del campus y, aunque quise ignorarla, me siguió y saludó. Parecía enferma, iba muy abrigada. Después de clases salí a tomar algo a alguna cafetería y Shin Hye me siguió. Gritó una voz bastante familiar su nombre. Me giré, era Hyun Joong.
-          Te estaba buscando por todos lados – dijo él, no me lo decía a mí. – toma, levantó una cadena de oro con un dije en forma de violín. – Eun Chan y Mi Ho preguntaron en objetos perdidos y lo encontraron – respiró, estaba agitado de correr – aquí – puso el colgante en manos de Shin Hye – ahora ya puedes estar tranquila. – Sonrió y se dio cuenta de mi presencia – Hyung.
-          ¿Qué… - no podía ni formular una oración – Puedes ¿puedes verla?
-          Claro – rió – ¿De qué hablas?
-          ¿No… no está muerta? – mi amigo se rió y después alzó su mano en mi dirección.

-          Estás muy extraño hoy – dijo Hyun Joong, me tocó la frente pensando que tenía fiebre. Ahora sí que la tenía. Debía de estar hirviendo de rabia. Ahora estaba todo clarísimo. Aquella chica había estado jugando conmigo. Ella no era un maldito fantasma ¿cómo no me di cuenta? Todo encajaba: comía, la gente podía verla, podía tocarla y era cálida, se enfermaba, podía tocar un maldito instrumento, ¡Ella estaba viva! Aquella galleta de la fortuna no tenía razón, aunque me sintiese solo la desconfianza era mi única amiga. Me sentía tan estúpido, aquella niña se arrepentirá de haberse estado burlando de mí…



      Bueno, Lee Min Ho es rencoroso a más no poder xD pero es parte de su encanto *-* Aun así Shin Hye lo tendrá muy difícil a partir de ahora ya que no solo Min Ho la odia sino que al parecer a Shin Hye le gusta él... y ya sabemos lo que pasa cuando alguien que te gusta te odia TT En fin, en el próximo capítulo (que subiré más tarde) volvemos con Gu Mi Ho y ahora el egocéntrico Kim Hyun Joong, que al parecer ha quedado encantado con esta chica que ni siquiera sabe que ¡es una gumiho! No obstante aseguro que a partir del prox cap. habrán más besos que de costumbre xDD Saludos >.< 


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